Comentario Nº 102, 1 de diciembre de 2002

      Aciu! Bush toca la lira mientras Roma arde

      Aciu es como los lituanos dicen "gracias". Es lo que gritaba la multitud en Vilnius cuando el presidente Bush se dirigió a ella, diciéndoles que ahora que Lituania se había incorporado a la OTAN, un ataque a Lituania se consideraría un ataque a Estados Unidos. El presidente parecía complacido y también dijo: "gracias". Estados Unidos y el presidente Bush son muy populares en Europa central y del Este. Es casi la última región del mundo, aparte de Israel, en la que el presidente Bush puede estar seguro de ser recibido así. De forma que se embebió en los aplausos de esa zona amiga. Pero como Nerón, estaba tocando la lira mientras Roma ardía. Estados Unidos arde y el presidente Bush parece no darse cuenta de ello. Lo mismo les pasa, por desgracia, a la mayoría de los estadounidenses. Como Nerón, Bush está seguro de que puede hacer lo que quiera, y esa ingenuidad arrogante lo ciega ante las realidades políticas del mundo y el carácter de las alternativas reales que cualquier presidente estadounidense tendrá ante sí en el siglo XXI. Bush cree que es la era del imperio estadounidense y lo disfruta. La izquierda mundial no contribuye a la claridad mostrándose de acuerdo en que ésta es en efecto la era del imperio estadounidense, aunque lo denuncie. Un mundo inmerso en el caos político no es un mundo imperial, y todos deberíamos meternos ese hecho elemental en el magín.

      Esa masiva percepción equivocada de la realidad sólo aumentará el nivel de daño y sufrimiento que se derivará del caos del que nadie, y menos que nadie Estados Unidos, se va a beneficiar. Bush está a punto de meter a Estados Unidos en una guerra contra Iraq, y lo hará aunque los inspectores de la ONU no encuentren nada significativo de lo que informar. Richard Perle explicó recientemente a un grupo de parlamentarios laboristas británicos que el hecho de que los inspectores de la ONU no encuentran nada carece de importancia política, ya que Estados Unidos sabe que Saddam Hussein está violando la resolución de la ONU, y actuará a partir de eso que sabe. Se dice que los parlamentarios británicos se sobresaltaron al oírle. Se están poniendo los cimientos de la denigración del trabajo de la ONU. La prensa viene llena estos días de largas explicaciones de miembros de la administración Bush y sus acólitos de los medios de comunicación que explican por qué el jefe de la misión de la ONU, Hans Blix, no encontrará nada, lo que significa por supuesto que él y su equipo pueden ser ignorados (y sin duda lo serán).

      La prensa estadounidense viene llena también de ataques a Arabia Saudí –de miembros del Congreso estadounidense, editorialistas y expertos– por no haber querido apoyar sin reservas el ataque contra Iraq (así como por otros pecados parecidos del pasado). Se dice que eso molesta al presidente Bush, quien aparentemente cree todavía que puede forzar a los saudíes a que presten al menos una cooperación pasiva a la invasión de Iraq. Sin embargo, ese ataque político a los saudíes está siendo orquestado por el ala derecha del ala derecha, que no desea la cooperación de Arabia Saudí sino su destrucción. ¿Quién sabe? Puede que lo logren.

      Entretanto, Osama bin Laden no ha permanecido del todo inactivo. Se han producido dos importantes ataques a blancos occidentales –en Bali y en Mombasa– ambos probablemente inducidos por él o sus aliados. Y ha enviado una larga carta al pueblo estadounidense que The Observer (Londres) publicó en inglés el 24 de noviembre. No nos dice nada nuevo. Lo que sorprende en esa larga carta es su total determinación y su claridad de detalle sobre una serie de cuestiones políticas en todo el planeta. No son alaridos analfabetos. Hace de sus quejas sobre Israel el núcleo de su carta, lo que no sucedía en la anterior, pero no pasa por alto otras cuestiones. Estados Unidos tiene en él a un enemigo inteligente, que denuncia infatigablemente a Estados Unidos por su doble rasero.

      En cuanto a la geopolítica mundial, en el mundo se han producido tres importantes elecciones generales durante el segundo semestre de 2002: en Alemania, Estados Unidos y Brasil. Sí, Bush ganó las elecciones estadounidenses pero perdió las de Alemania y Brasil. Pronto habrá una cuartas elecciones clave, en Corea del Sur. Se dice ahora que esas elecciones serán reñidas. Una derrota para Bush allí no alegrará a la Casa Blanca. Bush perdió incluso unas elecciones menos importantes, pero también significativas, en Ecuador. Allí un militar populista, el coronel Lucio Gutiérrez, derrotó a un oponente superneoliberal. Lo importante no es sólo que la retórica del vencedor fuera populista, sino que Gutiérrez cuenta con ancestros indios, y que fue apoyado por la federación de organizaciones indígenas más fuerte de toda América, la CONAIE. Es un héroe del fallido intento de esas mismas fuerzas de hacerse con el poder en un golpe de Estado hace dos años (véase el comentario núm. 33, del 1 de febrero de 2000). Ahora ha sido elegido con una clara mayoría. Cierto es que Gutiérrez habla con mucha prudencia de las cuestiones económicas, pero será un aliado de Lula y no de Bush en los próximos debates sobre una zona panamericana de libre comercio (FTAA/ALCA). Y también hablará en favor del compromiso y la paz en Colombia, algo que la administración Bush y el actual presidente de Colombia hacen cuanto pueden por obstaculizar.

      Bush afronta un difícil reto bélico en Iraq; un inminente colapso de los regímenes "moderados" pro estadounidenses en Oriente Medio; una situación incierta de la economía mundial, que puede empeorar con la aventura iraquí; populismo en Latinoamérica; una China cada vez más fuerte combinada con una renuencia general en el nordeste de Asia (esto es, Japón, Corea del Sur y China) a apoyar la línea dura contra Corea del Norte que esgrime la administración Bush. Pero todo esto es casi una minucia en cuanto a sus consecuencias para Estados Unidos si se compara con los decididos esfuerzos de este país por aislarse de sus hasta ahora mejores amigos. Bush no va a invitar al primer ministro de Canadá a su rancho. Se muestra glacial con el canciller alemán. Eso se debe a que ninguno de ellos cree que sea muy inteligente la idea de invadir Iraq. Y hay muchos en la administración Bush que piensan que la respuesta de Bush a esa herejía ha sido demasiado suave. Argumentan que esos supuestos estrechos aliados de Estados Unidos son poco fiables, estúpidos y hasta cobardes, y ciertamente equivocados (en casi todo). Piensan que hay que poner en su sitio a Europa occidental y Canadá. Pronto pueden añadir a Japón y Corea del Sur a la lista de escolares a regañar y si es necesario castigar.

      Han desechado a la OTAN porque no pueden contar con ella para su apuesta. Los europeos del centro y del Este pueden estar celebrando su entrada en la OTAN, creyendo que así estarán más cerca de Estados Unidos. Pronto se enterarán de que Estados Unidos está barrenando la OTAN convirtiéndola en un factor irrelevante en la política mundial. ¿Pero puede Estados Unidos sobrevivir siquiera en el mundo de hoy, y menos aún prosperar, sin el fuerte apoyo de quienes han sido sus mejores aliados en los últimos 50 años? Lo dudo mucho. Roma arde, y Bush toca la lira.

      Immanuel Wallerstein (1 de diciembre de 2002).


      © Immanuel Wallerstein 1998, 1999, 2000, 2001.

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